Camino de Santiago Francés en bici

¿Estás pensando en hacer el camino de Santiago en bici?

He recuperado mi diario del camino en bicicleta y lo voy a compartir con vosotros.

¡Espero que os sirva de ayuda!

En este Camino hice la ruta del camino francés desde Pamplona a Santiago de Compostela en 10 días.

En principio sobre el mapa son aproximadamente 700 kilómetros.

Aunque dando algún rodeo por las ciudades, buscar alojamientos y algún desvío mal cogido me salieron casi 800 km en mi cuentakilómetros.

¡Espero que disfrutes esta crónica!

Día 1: Pamplona – Torres del Rio (84 km)

En el mítico ayuntamiento desde donde se lanza el chupinazo en Pamplona

¡Empieza la aventura!

Me levanto nervioso y con ganas y salgo del Hostel dónde me alojé la primera noche en Pamplona casi corriendo.

A la salida, va mi primer sello en la credencial.

El encargado del hostel me mira raro por salir a hacer el camino con una bici de doble suspensión para hacer el “camino”, por camino, no por carretera.

O al menos, esa es la primera intención… y es el primero en decir: ¡Buen camino!

Me cuesta un poco llegar al casco antiguo de Pamplona y encontrar las primeras flechas que señalan la ruta.

Frente al ayuntamiento, hago la foto inaugural de mi camino y empiezo a seguir conchas y flechas amarillas.

Esta foto me la hace un señor entrado en años que va en un viaje en grupo.

Me los encontraré varias veces en distintos puntos del camino, ya que lo van siguiendo en autocar.

A la salida de Pamplona, por la universidad, ¡empiezo a ver el primer tramo de camino!

Aquí ya me empiezo a cruzar con peregrinos, y empieza a ser más normal lo de ir escuchando «buen camino».

A la salida de Pamplona, el camino es una pista de tierra.

La ruta va pasando por varios pueblecitos, hasta que empieza a complicarse.

Algún tramo de calzada romana, seguido de un sube y baja continuo.

A medida que pasan las dos-tres primeras horas, empieza a subir el sol, y pinta un día muy soleado.

La subida al alto del perdón, es más corta, pero más difícil de lo que me pensaba.

La piedra que hay en el camino hace que las ruedas patinen y que más de una vez tenga que poner pie a tierra.

Camino de Santiago en bici alto del perdon
Posando con los otros peregrinos

También afecta la falta de costumbre de subir con alforjas detrás…

Aquí, un ciclista local me dice que mejor que baje por carretera, que por el camino es peligroso y que justo el día de antes un ciclista tuvo que recoger los dientes por un árbol caído en medio del camino…

Así que, pienso en que quiero llegar a Santiago, y me tiro por carretera.

Aquí se ganan muchos kilómetros hasta llegar a Puente la Reina, un pueblo más o menos grande, punto final de ruta de peregrinos a pié, con un puente románico alucinante.

Camino de Santiago en bici - Puente la reina


Sigo el camino, con mucho sol, mucho calor, y me va costando cada vez más ir superando los pequeños «repechones» que van saliendo.

Este tramo, hasta Estella, siguiendo el camino, sigue por tramos de calzada romana y algunas escaleras, por lo que toca poner pie a tierra y cargar la bici.

Aunque creo que la paliza vale la pena por el paisaje que te rodea.

Cerca del medio día llego a Estella, pongo mi segundo sello en un albergue a reventar de peregrinos y vuelvo a la ruta.

Poco después, en Irache, se encuentra la fuente de agua y vino (que sale de una bodega).

Aquí me encuentro con Andi y Rubén, un alemán y un gallego que salieron el día de antes de Jean Pied de Port y se conocieron allí mismo.

Decido seguir con ellos, ya que llevo 50 kilómetros (pocas veces había hecho tantos) para hacerlos más amenos.

El tramo que continua, lo hacemos por carretera, todo por una carretera nacional que va de Pamplona a Logroño, y por la que quizás nos adelantan 4 coches en un tramo de 20 kilómetros.

Rubén y yo nos permitimos el “lujo” de rodar en paralelo charlando.

Antes de llegar a Sansol, la carretera hace un sube y baja bastante pesado, que acaba con mis fuerzas.

El sol está dando fuerte, son las 16 de la tarde, y en Torres del Rio, decido parar.

Rubén y Andi deciden que pasarán la noche en Logroño, por lo que nos despedimos (aunque no por mucho tiempo).

¡¡84 km!!

En la vida hubiera imaginado que haría tanto, ni que cansaría tanto…

Torres del Rio es un pueblo muy pequeño con un albergue.

Es un sitio en los que parece que el tiempo no pasa, y en el que se respira tranquilidad.

El albergue no está nada mal, aunque después me daré cuenta que es de los más caros que encontraré en el camino.

Me dedico a dormir, comer algo y descansar, no estoy para pasear en mi primer día, estoy exhausto!

Y a las 7 de la tarde voy a cenar mi primer menú del peregrino: por 9€ plato de pasta, filetes de lomo con patatas y pimientos, pan, agua, bebida y postre…

Voy a cenar solo, pero solo hay mesas grandes con mucha gente.

A los 5 minutos, delante de mí se sienta Carlo, un italiano recién jubilado que me dice: hello my friend! Y empezamos a hablar sobre
economía, trabajo, la vida en Milán y en Barcelona…

O al menos lo intentamos, que mi nivel de inglés, y la pronunciación inglesa-italiana…

Después de hacer la digestión, a las 9 y poco, decido a irme a la cama.

¡Es mi primer día y estoy exhausto!

Día 2: Torres del Rio – Santo Domingo de la Calzada (74km)

Después del pobre desayuno del albergue, salgo a rodar a las 7:30 de la mañana.

Voy cruzando poco a poco a los peregrinos a pie que conocí la noche anterior: ¡muchos Buen camino y un chao Carlo!

El camino empieza con un sube y baja continuo a Santiago, con algún tramo de tierra muy técnico o con piedra muy resbaladiza que te hace bajar de la bici.

Además, la carretera se hace más larga pero con un sube y baja más suave, con lo que voy alternando camino con carretera.

A los 10 km, el sube y baja se hace llano, y antes de las 9 estoy en Logroño…

¡Mi primera comunidad superada! ¡La Rioja!

Llegada a la Rioja

Cruzo Logroño bastante rápido, pocas fotos y mucho pedal, y en la primera farmacia compro crema solar, que tengo los brazos achicharrados del sol de ayer.

A la salida de Logroño le sigue un lago y un camino entre árboles, más bonitos que la propia ciudad.

Al menos para mi, que me gusta más la naturaleza que las ciudades.

Aquí paro a disfrutar de un plátano y de un chorizo buenísimo que compré el día de antes.

El camino se presenta más sencillo, tanto en terreno como en pendientes, que el día anterior.

Por lo que se hace más fácil hacer kilómetros.

Sobre las 11 de la mañana veo poquísimos peregrinos a pie.

El paisaje es soleado, verde, plano, viñas y más viñas.

Camino de Santiago viñas en la rioja
Viñas y más viñas

Al rato, me encuentro con los primeros bicigrinos del día: Paco y César, un catalán y un andaluz afincando en Madrid que llevan rodando juntos desde que se conocieron en el 2002 haciendo el camino francés.

Me cuentan que han hecho casi todos los caminos de Santiago: el portugués, vía de la plata, del norte… y que el camino francés es la
tercera o cuarta vez que lo hacen.

Sigo rodando con ellos, y los kilómetros se tornan más amenos.

¿Alforjas o carrito?

La subida al alto de San Antón es bastante corta, aunque difícil de subir por la cantidad de piedra que lleva.

Cruzamos el pueblo de Nájera, donde paramos a hacer un pincho de tortilla y una clarita.

Paco y César me enseñan lo que es hacer el camino tranquilos, parando a hacer muchísimas fotos, a comer y a disfrutar

Se nota que son bicigrinos experimentados.

Después de más paisajes, más subidas y bajadas, más conversaciones y batallas, calor, agua, etc. Paco y César se ponen a practicar francés con unos peregrinos.

Yo decido seguir tirando hasta mi parada programada del día: Santo Domingo de la Calzada.

Iglesia de Santo Domingo de la Calzada

Voy a un albergue junto a la plaza que hay cerca de la catedral de Santo Domingo.

Al entrar, me llevo mi primera sorpresa: el albergue cuesta la voluntad.

Es un albergue que lleva abierto poco tiempo, enorme, con muchas camas, muchas duchas, mucho espacio para tender, cocina, etc.

El pueblo tiene una catedral chulísima, y se nota que es muy turístico.

Hay un montón de sitios donde hacen menús del peregrino por 12€.

Día 3: Santo Domingo de la Calzada – Burgos (80 km)

Hoy salgo más temprano, y el día amanece más frío.

Salgo sin desayunar, que las ganas de enfrentarme a los montes de oca y de llegar a Burgos me superan.

El camino es muy llevadero: caminos de pistas fáciles, sube y bajas ligeros y una geografía bastante plana.

El único percance que tuve fue que antes de cruzar un puente, me desvié, y tardé 2’5 km en darme cuenta… por lo que hice 5 kilómetros entre ida y vuelta “gratis”.

La única dificultad del día parecía ser que era la subida a los montes de oca…

En el perfil de la etapa parecía mucho más fácil, pero a la primera cuesta hay que poner pie a tierra.

Un camino diminuto y de piedra resbaladiza hace imposible subir…

miradores del camino de santiago
Miradores preciosos

Es impresionante el silencio y la soledad que se respira en los montes de Oca.

Apenas me crucé con algún peregrino, y el aspecto de todos los árboles secos le da un aspecto un tanto lúgubre.

El paseo se hizo más pesado de la cuenta.

Y así sigue hasta el monasterio de San Juan de Órtega.

Montes de Oca camino de Santiago
¡Arriba!

Después, el camino parece plano pero tiene una ligera cuesta abajo que hace que avances kilómetros con muchísima facilidad.

Así es hasta Agés: alguna cuesta arriba, y todo el camino por pista y cuesta abajo.

Siguiendo por la nacional se llega a Atapuerca.

Y aquí una de las sorpresas del día.

La subida de después de Atapuerca es horrible, empinadísima, el cansancio aprieta y una soledad pasmosa.

Camino de piedras y más piedras, en la que es más fácil tener un pinchazo que subir empujando la bici.

Una vez arriba, hay un montón de círculos de piedras (por lo visto muy antiguos) que le dan un aspecto un tanto esotérico.

El resto de la etapa hasta Burgos es por pistas de tierra llana y cuesta abajo.

La entrada a Burgos te obliga a pasar por un polígono industrial y por la periferia de Burgos.

Una vez que llego al centro del casco antiguo, encuentro el nuevo albergue municipal justo detrás de la cateedral.

El albergue es enorme: tiene 5 plantas, está muy limpio y el coste por pasar la noche era de 3€.

Al entrar, veo que tiene un parking de bicis, y encuentro las bicis de Rubén y de Andi, el gallego y el alemán que encontré el primer día.

Les dejo una nota en las alforjas para juntarnos a tomar algo.

Después de comer el mejor menú del peregrino hasta la fecha (raviolis, un pollo riquísimo, regado con una cerveza y de postre un arroz con leche) me dedico a buscar una tienda de bicis y a pasear por el paseo del río, la catedral y el casto Antiguo de Burgos.

Catedral de Burgos en el camino de Santiago
Fachada de la catedral de Burgos

A la hora acordada, quedo con Ruben y Andi, que vienen con una pareja de Nueva Zelanda. Yo no sabía que la fama del camino llegaba a la otra punta de mundo.

Peregrinos

Esta vez toca ensalada y lenguado, regado de vino de mesa y un helado de postre.

Lo de estar 8 horas encima de la bici tiene como ventaja que puedes comer y beber tanto como quieras sin miedo a coger kilos de más.

Acabamos alargando para hacer unas cañas, pero a las 10, como está mandado en los albergues, a dormir.

Con Andi y Rubén quedamos en que saldremos juntos por la mañana a hacer la ruta en bici.

¡A ver si les sigo el ritmo!

Día 4: Burgos – Carrión de los Condes (92km)

Después de unas tostadas, un colacao y un zumo de naranja, parto, esta vez acompañado, a hacer el siguiente tramo de etapa.

Esta etapa se presenta bastante facilona: caminos muy planos, algunos tramos asfaltados y sin grandes desniveles.

Recuerdo que tenía la etapa, bastante empinada, pero el resto, plano.

Empezamos a rodar con algo de frío.

Mis compañeros calientan muy pronto pero enseguida cogemos ritmo de 20-25km/h de media.

Así se hacen kilómetros muy rápido.

A falta de 469 kilómetros exactos para llegar a Santiago (o eso pone en el sello), paramos a repostar y nos encontramos con dos nuevos bicigrinos.

Son Alfredo y Juanky del Vendrell, que ese mismo día no los veremos más, pero nos los encontraremos más adelante…

Combinando camino y tierra, (ya que Andi lleva una bici sin suspensión) hacemos el primer tramo casi de la etapa (una etapa a pie) casi sin darnos cuenta.

Por carretera, encontramos las ruinas de un convento (que era enorme).

ruinas en el camino de santiago en bici
Ruinas en medio de la carretera

Pasamos por varios pueblos, todo el camino bastante ligero, ya que tenemos ganas de enfrentarnos a la cuesta de Mostelares (un 11% de desnivel de media).

La subida no presenta más dificultades.

Había leído que si superas el tercer día de camino, superas todo.

Pues al menos esto sí.

Desde arriba, las vistas son espectaculares, es como subir de repente a la meseta, ya que cada día vamos ganando metros.

cuesta de mostelares camino
Buenas vistas

Hay otra vista no tan espectacular, como la de mi primer pinchazo del camino 🙁

El camino que sigue, refleja el dicho de ¡ancha es Castilla!

Todo el camino sigue por pista bastante plana, alguna bajada, pero mires en la dirección que mires, ves poco más que verde, un tramo del canal de la mancha, y el horizonte.

Pasado un tramo de pista, el camino pasa al lado de una carretera nacional, por lo que decidimos seguir por el arcén de la carretera.

No pasa nadie.

Los últimos 30 kilómetros son así, carretera, rectas interminables, alguna ondulación y viento en contra.

Cada vez se va haciendo más pesado mantener la media de 25 km/h.

Por fin, llegamos a Carrión de los Condes.

Nos alojamos en un albergue de monjas.

Es el único albergue en todo el camino que encontré que tenía camas sencillas en lugar de literas.

7€ de coste pasar la noche, con un PC con internet, aunque la hermana nos recomienda que más Palabra de Dios y menos internet.

Se lamenta porque no tienen biblias en alemán para Andi. Creo que Andi no se lamenta tanto.

Allí coincidimos con dos bicigrinos más, dos Valencianos de 57 y 61 años, que van en bici por carretera, con bolsas de plástico atadas con gomas como alforjas y unas bicis de hierro (como las que puedes encontrar por 50€ en cualquier hipermercado).

¡Ellos sí que tienen valor!

Después ducha, menú, paseo por el pueblo y descansar en el albergue.

Después limpiar y revisar las bicis.

Nos juntamos con algunos peregrinos más, de Zaragoza y de Castellón.

Uno de ellos tiene que dejar el camino al día siguiente por el estado de sus pies y la recomendación del médico.

Esta noche paso del menú del peregrino, y hago muchas cervezas, un bocadillo de calamares y unas bravas.

¡Buena vida!

La noche refresca, y nos vamos a dormir.

Carrion de los condes
De noche parece un poco lúgubre

Día 5: Carrión de los Condes – León (108km)

Amanece lloviendo, pero confiamos en que no durará mucho, y así fue.

Después de las tostadas, el café con leche y el zumo de naranja (pro 3€) empezamos la ruta.

Hasta la entrada de León, la ruta se presenta toda llana.

Del camino no recuerdo demasiado, buena media de velocidad, algo de frío al principio…

En unas ruinas me reencuentro con César y Paco, los peregrinos experimentados que me encontré al segundo día.

Después de una charla, seguimos el camino, aunque el mismo día nos reencontramos un montón de veces.

Después de parar en un pueblo a desayunar los víveres que llevamos en la mochila, salimos del Burgo Ranero acompañado del canto de las ranas.

Esta etapa tiene marcados algunos recorridos recomendados para ciclistas, asfaltados y con muy poco tráfico, lo que hace fácil avanzar.

Las afueras del Burgo Ranero

A destacar, antes de llegar a León, un pueblecito con un bar hippie-okupa (parece que viva una comuna), todo pintado de firmas de gente, tanto por dentro como por fuera, que lo lleva un tipo canijo delgado con una txapela en la cabeza que sirve a la gente entre risas con Bob Marley de fondo.

Pides una tapa de chorizo, una de queso, unas cañas, y el precio lo pone a ojo… ¡pero nada que te vaya a arruinar!

Como en todas las grandes ciudades, al llegar cruzas montones de zonas industriales, carreteras…

Se hace raro ver tanta civilización después de dos días viendo llanuras.

Llegar al centro histórico de León es bastante sencillo, y sin darnos cuenta nos plantamos en frente de la catedral.

catedral de leon camino en bici
Impresionante catedral de León

¡Es una pasada!

Al llegar, un grupo de reporteros nos hacen una entrevista para una revista local de León que promociona el turismo de la ciudad (en la tele y después de 102 km con estas pintas!).

Aquí nos encontramos con un bicigrino de Lleida que va por libre, un grupo que empezó hace poco de Cantabria, y muchísimos peregrinos a pié.

En la cola del albergue de monjas (sin duda, el peor que he estado en todo el camino) se nota la cantidad que el final está solo a 300km y la cantidad de peregrinos que eligen León como inicio de ruta.

La habitación parece un cuartel de guerra, no tiene ventilación y se respira un ambiente…

Encima, ojo cuando eches el donativo en la ducha, que si te vigilan te tirarán indirectas de que no reciben subvenciones públicas.

León es una fiesta.

Es 1 de mayo y hay muchísimas celebraciones del día del trabajador. Los bares y las calles están reventadas de gente.

Tarde de paseo, visitar la catedral, el barrio húmedo, un Palacio de Gaudí, cañas, helados y de cena, menú por 9€ con tres platos, vino y postre.

A las 9 y media en el albergue ya que las monjas cierran para que vayas a misa.

Rubén le dijo a una monja que iríamos a la misa. Yo le reproché, que por mentir a una monja Dios nos castigaría, y ya se verá lo que nos depara el camino.

Encienden las luces y hacen la llamada a la oración, a la que alguno responde que es budista o que no cree en nada, y el resto se ríe.

Sobretodo, los que han aprovechado la fiesta de la tarde en León.

Aquí conocemos a Ricardo, otro ciclista de Madrid, que iba con un compañero suyo que se tiene que volver porque se ha puesto malo.

Día 6: León – Rabanal del Camino (72 km)

Hoy madrugamos más de la cuenta para desayunar, pero está lleno y decidimos salir antes de las 7 de la mañana.

Tenemos hasta que poner las pocas luces que llevamos en la bici.

La salida de León nos cuesta encontrarla, y le añade emoción esquivar a los equipos de limpieza y la gente que se recoge de fiesta.

Desayunamos en el único bar que hay abierto a esas horas dónde nos encontramos con Alfredo y Juanky.

La etapa de hoy se presenta mucho más corta que el día anterior, aunque con algunas cuestas.

Y algo mucho peor y que no teníamos presente: el viento en contra.

El camino hasta Astorga es bastante llevadero.

Sigue mucho tramo paralelo a la carretera, por lo que optamos por carretera, y se hace bastante rápido.

Mucho más verde que las etapas anteriores.

Se nota que entramos en tramos montañosos y que Galicia está más cerca.

A las 11 de la mañana nos plantamos en Astorga.

Decidimos parar en la playa del ayuntamiento a almorzar un pedazo de bocadillo de lomo adobado.

En la plaza nos encontramos con el primer castigo de Dios. Mi segundo pinchazo.

Después, desayunando, nos damos cuenta de que Rubén también tiene su rueda de atrás pinchada y le toca cambiarla bajo estricta supervisión.

Cambiando la rueda en Astorga
Cambiando ruega en la plaza de Astorga

Allí parados, nos alcanza Ricardo de Madrid y se une al desayuno, y a la ruta.

Astorga es una ciudad con una catedral y un palacio de Gaudí, alucinantes.

La gente parece muy amable y abierta. Están acostumbrados a ver peregrinos, aunque siempre sorprende a la gente los que van en bici.

Solo nos quedan 24 kilómetros para llegar a Rabanal, donde pretendemos hacer noche para quedarnos solo a 8 km de la Cruz de Ferro, el punto más alto del camino francés.

Estos kilómetros son de un sube y baja criminal, el viento nos pega muy fuerte en la cara y hay que dar pedales para avanzar cuesta abajo.

Además, gires a la dirección que gires, el viento siempre te viene en contra. Un señor nos dice que eso es el viento del Bierzo.

Sobre las 15’00 de la tarde llegamos a Rabanal del Camino, y nos vamos al albergue el Pilar.

Para mí, el mejor de todos los que me he encontrado en el camino.

Tiene un encanto especial, las hospitaleras son las más majas que hemos encontrado, tienen una empanadilla de carne riquísima, y el pueblo es diminuto pero es una muy muy bonito.

albergue el pilar camino frances en bici
El patio del albergue el Pilar

La tarde se presenta relajada: paseo y aprovisionamiento, fotos, muchas risas… y a medida que va pasando la tarde nos vamos encontrando con ciclistas que van llegando al albergue.

Para cenar, menú del peregrino: de primero ensalada de pasta y de segundo lenguado (dos lenguados enormes, vino y de postre, arroz con leche.

Otra vez 9€ que me saben mal pagar por lo barato que me parece en comparación a los precios que estamos acostumbrados.

El frío aprieta mucho, por lo que nos metemos en una sala del albergue con chimenea a charlar con el resto de bicigrinos.

Muchas risas, y pronto a dormir, que mañana amanece frío, amenaza nieve y toca conquistar la cruz de Ferro.

Día 7: Rabanal del Camino – Vega de Valcarce (74 km)

Amanece con un frío… qué pereza da salir.

Para desayunar en el albergue nos dan un café con leche y unas tostadas deliciosas.

Salimos todos los bicigrinos más o menos a la vez.

Nos dividimos en carretera y camino.

Yo elijo carretera por solidaridad con Andi (y porque es más fácil), aunque poco rato le seguimos el paso al que después será bautizado como el ciervo, o Andi el cumbres…

8 km de cuesta arriba sin perdonar, aunque no con demasiada pendiente.

Subiendo, nos adelantan dos nuevos bicigrinos de Vic, los Jordis.

Aunque no nos los volveremos a encontrar hasta mucho más tarde…

Una vez arriba, estamos a 0 grados y empieza a caer agua nieve, por lo que después de la foto obligatoria y de quitarme de encima una piedra que llevaba cargando desde Badalona, decidimos a continuar.

cruz de ferro camino frances en bici
Postureo bicicrino en la cruz de ferro

La tradición dice que el peregrino tiene que llevar una piedra hasta la Cruz de Ferro, para quitarse todos los males y los pecados que ha llevado cargando en su anterior vida.

La bajada asusta un poco porque el suelo está muy mojado y es bastante empinada, aunque muy divertida.

A media bajada, Ruben, Ricardo, Andi y yo paramos a desayunar.

En el siguiente bar vemos que están el resto de bicigrinos, que cada uno ha ido por su camino y a su propio ritmo.

El resto del camino hasta Ponferrada es casi cuesta abajo y bastante sencillo.

Nos hemos dividido, pero nos volvemos a reencontrar en el castillo de Ponferrada.

castillo Templario de Ponferrada - Camino frances en bici
Puerta del castillo templario de Ponferrada

El problema es que a la salida de Ponferrada nos perdemos, y damos un buen rodeo por carretera para reencontrarnos el camino.

Nos apostamos una copa para el primero que encuentre la flecha amarilla.

El camino combina carretera con pistas sencillas. Sube y baja.

Y un último tramo pegado a la carretera demasiado transitada como para circular con un viento en contra helado que hace pesadísimo avanzar.

Rubén, Andi y yo nos adelantamos al grupo, ya que nos morimos de ganas de llegar a Vega de Valcarce y se hace tarde (al menos, acorde a nuestro horario de llegar al medio día…).

Seguimos un par de kilómetros y llegamos a un hostal donde no hay nadie, con lo que has de coger tú mismo una cama y esperar a que venga la hostalera.

Poco a poco llegan el resto de bicigrinos y nos alojamos todos juntos.

Hoy la cena vuelve a ser increíble, sopa y una especie de carne de picada de chorizo con patatas increíble.

Las cenas cada vez van a mejor, y se mantienen al mismo precio.

Incluso este día, al ser tanta multitud, la multitud de botellas de vino hace que acabemos un poco alegres… aunque va bien para el frío que hace.

vega de valcarce camino de santiago en bici
Vistas de Vega de Valcarce

Estamos rodeados de montañas.

El O Cebreiro, el mayor reto del camino, justo antes de entrar a Galicia, nos espera mañana.

Andi, para animar comenta que cuando llegue a la cumbre se fumará un paquete de cigarrillos esperando a los españoles 🙂

Después de poco rato y muchas risas, nos vamos a dormir, asustados de lo que nos espera mañana.

Día 8: Vega de Valcarce – Sarria (64 km)

Amanece con un frío que pela.

Somos 8 ciclistas que después del desayuno, nos disponemos a conquistar el O Cebreiro.

Este camino tiene tres variantes, una por camino, dicen que imposible en bici, y dos por carretera, una más larga con menos pendiente, y otra más recta pero más empinada.

Ganar 700 metros de altura en 12 km.

Empezamos a subir en pelotón, pero al poco rato, Andi se separa del grupo, se pone en cabeza y no lo volveremos a ver.

El resto vamos más o menos al mismo ritmo.

Yo me adelante un tramo, también Juanky, ¡hasta que empieza a nevar!

¡Menuda nevada!!

O cebreiro camino frances en bici
Paisaje de cuento en O Cebreiro nevado

Y por fin, vemos un cartel que pone “provincia de Lugo”.

¡¡¡Estamos en Galicia!!!

Creemos que estamos arriba.

Paramos a desayunar un café con leche calentito que estamos helados.

Continuamos con la subida al O Cebreiro con el cuerpo más caliente, y todavía nos queda un buen tram.

Una vez arriba, está todo completamente blanco.

Justo en la cima, aparece un coche de la prensa y decide hacernos una foto para la Voz de Galicia.

Puedes ver la noticia de la que nos cayó aquí.

No saldríamos muy guapos porque la foto no la publicaron.

Preguntando nos damos cuenta de que hemos código un desvío equivocado, y tenemos que volver a subir un montón de más, hasta remontar casi la altuar de Cebreiro y subir al Alto de Poio (1350m…).

Decidimos que con el frío nos merecemos otro descanso, por lo que paramos en un bar al lado del Alto para hacer un té con limón caliente… ¡y ya nos atienden con acento gallego!

La bajada es peligrosísima, empinadísima, hace muchísimo viento y cuando pasas de 30km/h parece que vayas a volar para cualquier lado del viento que hace.

Pero ya nos hemos cargado el tramo más duro del Camino, y con el mayor frío del camino.

El resto de etapa consiste en ir bajando, pasando pueblos, bajadas, sube bajas… todo por carretera.

En Samos paramos a comer, otro menú del peregrino, y estamos pensando en si dormir allí o seguir hasta Sarria.

Ya ha pasado lo peor

Algunos hasta más adelante.

Después de comer, llegamos a Sarria sobre las 5 de la tarde, y decidimos que estamos lo bastante cansados como para continuar.

El viento en contra y helado es matador.

Dormimos en un albergue, situado en una calle con un montón de albergues privados, más pequeños que los habituales, pero que por 10€ cada uno dormimos en una habitación para los 8 que somos.

Después de ducha y relax, damos un paseo por el pueblo, tomamos unas cañas y a cenar.

Para cenar, lo de siempre: atracón por 9€ por cabeza.

Muchas risas, chupitos de licor café, tarta de Santiago con miel…

Se nota en el vino y la alegría que hemos superado lo gordo, y que nos quedan poco más de 100 km para llegar a Santiago.

¡Ya ha pasado lo peor!

Día 9: Sarria – Melide (74km)

La etapa de hoy se plantea lamás corta que todas las que ya hemos hecho, y ya no nos quedan grandes obstáculos.

Después de unas tostadas, un zumo y un café, salimos de Sarria flechados.

El camino de hoy es duro pero divertidísimo.

Un continuo sube y baja de trialeras, piedras, charcos, más trialeras y más charcos.

Ha crecido de una forma brutal la afluencia de peregrinos, y todos se asombran de ver a 8 bicigrinos juntos.

También hay algunos trozos solitarios

Tardamos más de lo esperando en llegar a Porto Marín, un pueblo que fue inundado por un estanque, y que se desplazaron a la montaña de al lado.

La iglesia del pueblo, con un rosetón enorme, la reconstruyeron piedra por piedra, desmontandola de la ubicación anterior y poniéndola en su actual ubicación.

Portomarín

Paramos al lado de la iglesia y desayunamos una empanada de carne buenísima.

Bueno, nos supera la gula y la tranquilidad, y desayunamos dos trozos de empanada regados con una cervecita.

Ya no nos asustan ni los cortes de digestión.

El camino sigue por sube y baja, un montón de aldeas.

En una de ellas nos cruzamos con un grupo de vacas, vemos caballos, bosques de eucalipto.

Vale la pena hacer 600 km para acabar pasando por aquí.

En Palas de Rei nos volvemos a juntar todos y nos hacemos un menú del peregrino casi sin hambre.

Después de comer, con muchísima pereza, partimos con destino Melide. E

El camino es espectacular. Se cruza por un tramo de bosque muy verde y el camino va desierto.

La lluvia haciendo de las suyas

Generalmente, los peregrinos de a pie paran al medio día en su destino.

Llegamos a Melide cerca de las 6 de la tarde y nos alojamos en el albergue municipal.

Este consiste en un polideportivo enorme con unos barracones con duchas y literas.

En Melide, vamos a tomar unas cervezas en un sitio dónde te la sirven directamente del barril.

Y para rematar, vamos a cenar a una pulpería a cenar el mejor pulpo que he comido nunca regado con unos cuencos de vino turbio riquísimo.

Pulp en Melide

Se nota que falta poco, porque todos los peregrinos que hay en el bar la están liando parda.

Aquí nos reencontramos de nuevo con Paco y César, y se unen a la mesa.

A las 10 menos algo, nos toca ir casi corriendo al albergue, dónde llegamos justo cuando están cerrando.

Día 10: Melide – Santiago de Compostela (54 km)

Desayunamos, y creemos que el camino de hoy será fácil.

Pero a los 5 km kilómetros, tenemos el primer percance: a Alfredo y a Juanky se les ha olvidado la cámara de fotos en el albergue.

El resto, les esperamos un poco más adelante.

El camino está atestado de peregrinos, se nota la cantidad de gente que va para hacer los últimos 100 km.

El camino sigue rodeado de verde, caballos, árboles… es una pasada.

Bosque y verde

El terreno consiste, de nuevo, en un constante sube y baja, trialeras, piedras, charcos, agua.

Juanky anda jodidísimo de una rodilla, por lo que entre Rubén y Alfredo se reparten sus alforjas, y va tirando como puede.

Cada 500 metros, hay un cartel al lado del camino que te pone la distancia que te queda para Santiago, y con todo lo que llevamos, sabemos que no es nada.

Pero se hace pesadísimo ver cómo van bajando y lo que te falta continuamente.

El tercer pinchazo del camino se presenta de nuevo de repente y entre Alfredo y Juanky me cambian la rueda.

Nos vuelven a adelantar un montón de peregrinos de a pie que vaya ritmo llevan algunos.

Los kilómetros pesan muchísimo, y se nota que no hay prisa por llegar.

Aunque también asusta el hecho de que el camino se acabe.

Hay una montaña, que al menos, en mi mapa de perfil, no salía, justo antes del monte do Gozo, durísima… y le sigue un sube y baja continuo por unas cuestas empinadísimas.

Poco después llegamos ya a una zona más industrial, pasamos por delante de la tele gallega… y el monte do Gozo, la entrada a Santiago.

Desde aquí se pueden ver las torres de la catedral.

Bajamos a Santiago, y alucinamos con la cantidad de tráfico que hay.

Nos perdemos, pero nos cuesta poco encontrar la catedral.

Y por fin, bajando por unas escaleras laterales de la catedral donde retumba una gaita, se abre la plaza del Obradoiro.

La sensación de llegar es alucinante.

Te viene de repente todo lo que has sufrido y todo lo que has vivido para llegar allí, y una vez que llegas, es una sensación indescriptible.

Como, por lo visto, es bastante típico, nos plantamos en el medio de la plaza, tiramos las bicis, nos felicitamos unos a otros, reímos, abrazos y muchas fotos, y nos tiramos al suelo a disfrutar el momento, a saborear la victoria.

Después de 10 días y unos cuantos kilos menos

Es curioso, pero cuando empecé en Pamplona solo no me imaginaba que iba a llegar a Santiago en un grupo de 8 ciclistas, con los cuales hemos compartido un montón de comidas, cenas, cañas, risas, habitaciones, kilómetros, sufrimiento… ¡y la celebración que nos quedaba!

Una vez allí, nos dividimos.

Cada uno duerme en un sitio distinto, y quedamos todos juntos para cenar con otros bicigrinos.

Nos despedimos de Paco y César, que nos explican cómo y dónde envían las bicis a casa, y nos vamos al hotel.

Pasamos por la oficina del peregrino a recoger nuestra compostelana, el diploma que acredita que hemos hecho el camino en año santo.

Ojo, decir que se va por motivos espirituales o religiosos, porque si no te quedas sin ella.

Quedamos a cenar y por 8’50€ nos hacemos la mejor cena del camino, yo pido croquetas brutalmente grandes y ricas y de segundo lenguado, donde me ponen dos lenguados enormes.

De postre, más tarta de Santiago y chupitos de café.

Después de cenar, empieza la despedida, algunos se van al día siguiente temprano… y el resto nos vamos de fiesta.

Pero eso ya no forma parte del camino.

Más información sobre el camino:

Como llevar tu bici al camino de Santiago

Que llevar al camino de Santiago

Bitácora del camino del Norte

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